En 1.749 se inició un proceso para que en la “casilla”
donde fue pintado el Cristo mas otra unida a ella, ambas compradas por
el concejo, se fundase un hospicio o convento. La cuestión es
que se eligió para la fundación del mismo a los frailes
capuchinos. Pero resulta que una vez hechas las propuestas correspondientes
no hubo acuerdo entre los representantes de los capuchinos y del concejo.
Esto dio lugar a una disminución de la devoción de los
fieles y de sus limosnas.
La afortunada solución final a que llegaron las autoridades
y devotos de Torrenueva fue la de sustituir el convento por una ermita
para el Santo Cristo. Parece claro que la construcción de la
ermita se inició en los primeros años de la segunda parte
del siglo XVIII y en 1.795 ya se estaba concluyendo. Hoy se encuentra
restaurada y en buen estado, y la devoción de los torreveños
por el Santo Cristo permanece, a pesar de todas las vicisitudes.