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Ayuntamiento
de Torrenueva |
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Orígenes
de Torrenueva |
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FUENTES ARQUEOLÓGICAS
Y DOCUMENTALES |
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Epoca
Ibérica |
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En el deseo de aproximarnos al conocimiento de la historia de Torrenueva
lo más certeramente posible, hemos de intentar reconstruir sus
orígenes. La Historia se escribe sobre la base de fuentes, principalmente
escritas (documentos, crónicas, etc.); aunque desgraciadamente
no siempre es posible disponer de ellas y es necesario acudir a las
fuentes arqueológicas, tarea ésta indudablemente costosa
y en algunos casos de difícil interpretación.
A tenor de lo expuesto, podemos afirmar que Torrenueva
aparece, al menos de una forma clara, por primera vez en la historia,
con base documental, en el siglo XV. No obstante, será necesario
comprobar si en Torrenueva hubo gentes en épocas anteriores.
En lo referente a la prehistoria, la localización
de industrias paleolíticas y neolíticas se nos hace difícil
relacionarlas con Torrenueva. A pesar de esta difícil localización,
en el término de Torrenueva aparecieron hachas pulimentadas del
periodo neolítico. Ya en la época del Bronce Final (donde
la escasez de yacimientos es evidente, debido sin duda a la falta de
investigaciones, hemos de constatar cómo en este momento cronológico
se presentan una serie de yacimientos localizados en el Campo de Montiel,
Almedina y La Pizarrilla (Cózar), que han sido fechados en esta
etapa por el hallazgo en superficie de unos recipientes de carena de
pasta muy cuidada y bruñida.
Más adelante, y teniendo igualmente presente la
proximidad a Torrenueva, sabemos que entre los materiales arqueológicos
situados en la Etapa Ibérica, en 1.975 se encontró en
Alcubillas una escultura zoomorfa Ibérica, representando la cabeza
de un toro que puede datar del siglo IV a.C.. También de este
periodo ibérico, en las proximidades del río Jabalón,
en Torrenueva se encontró un dragma o fracción monetaria
ibérica, que podría datarse entre los siglos IV-III a.C..
De esta época de la iberización encontramos el poblado
del Cerro de las Cabezas, tan próximo a Torrenueva (unos diez
kilómetros), aunque corresponde a la jurisdicción de Valdepeñas.
No cabe duda de que desde estos momentos y hasta la romanización,
otros materiales encontrados en el término de Torrenueva, como
piezas de utensilios de sílex, cerámica, molino de mano
y una pesa de telar en pizarra, ayudan al conocimiento de la prehistoria
de Torrenueva.
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Lo mismo ocurre con lo encontrado durante la época
romana: piezas de cerámica de suelos, de sigitalla, clavos, puntas
de flechas y monedas.
Todos estos materiales arqueológicos, encontrados
en el término de Torrenueva, a los que nos estamos refiriendo,
fueron exhibidos en sendas exposiciones arqueológicas que tuvieron
lugar durante la Semana Cultural de los años 1.997 y 1.999.
Inicio
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Epoca
romana |
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En estrecha relación con la actividad minera está
la artesanía del metal constatada a través de los diversos
“tesorillos”, como el de Torre de Juan Abad. Tengamos presente
que la presencia romana en tierras oretanas supuso sin duda la extensión
de la economía monetaria, imponiéndose cada vez más
las acuñaciones según la metrología romana. Este
tesoro de plata trabajada con anterioridad a la era cristiana fue encontrado
el 4 de diciembre de 1.934 en la sierra de Cabeza del Buey, contando
con un cuenco sin pie, cuatro torqués, un brazalete y una fíbula,
con representaciones zoomórficas y 480 denarios de entre los
años 268 al 90 a.C., a las que acompaña un elevado número
de monedas de época ya romana. Este tesoro se encuentra en el
Museo Arqueológico Nacional, bajo el nombre de Tesoro de la Torre
de Juan Abad, ya que el lugar donde se encontró pertenece a este
término municipal.
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Siguiendo con las monedas romanas, del periodo de Tiberio (14-37 d.C.),
hijastro de Augusto y en la época conocida como de la “paz
romana”, tenemos un dupondio con la efigie de dicho emperador.
Igualmente, y coincidiendo con el Alto Imperio, también se encontró
en las inmediaciones de Torrenueva otra moneda del emperador Augusto
(41-54 d.C.). Ya durante el Bajo Imperio (sistema político y
social que fue consolidado por Diocleciano y Constantino), y que históricamente
representó la fase final de la evolución antigua en la
cuenca mediterránea, encontramos monedas en el término
de Torrenueva como son:
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Una moneda de la época de Constantino,
emperador desde el año 306 al 337 d.C.
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Dos monedas con la efigie de Magencio (350-353
d.C.).
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Una moneda del emperador Graciano (367-383
d.C.).
Inicio |
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El
tesoro de la Torre de Juan Abad |
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En la Antigüedad, uno de los factores que más contribuyó
a extender el proceso de romanización fue la construcción
de vías de comunicación, a través de las cuales
se desarrollaría buena parte de la conquista, con la consiguiente
explotación de los nuevos territorios anexionados, actuando además
como vehículo difusor de ideas políticas y religiosas.
Con relación a la actual provincia de Ciudad Real, el interés
de las comunicaciones romanas se ve notablemente incrementado al ser
ésta una zona de contacto y de paso obligado entre la Meseta
y el Medio Día peninsular.
Dentro de las vías señaladas en los antiguos itinerarios
que geográficamente se sitúan junto a Torrenueva, podemos
aludir a la Mansión Ad Turres, en el camino que desde Cádiz
se dirigía a Roma, la que según Tito Livio estaba rodeada
de una serie de torres o fuertes colocados a lo largo del camino romano
para alivio y refugio de caminantes, así como para librarlos
de las acometidas de los salteadores que algunas veces los infestaban
y hacían su tránsito peligroso. Sin embargo, otros eruditos
del tema ofrecen hipótesis diferentes sobre dicho emplazamiento.
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Así, los señores FERNÁNDEZ GUERRA y MARTÍNEZ
DEL CARNERO ubican la mansión Ad Turres junto a la Ermita de
Nuestra Señora de las Virtudes, en cuyo territorio se percibían
restos de edificios y sepulturas, y afirman que al construirse la iglesia
y la torre de Santa Cruz de Mudela se emplearon piedras procedentes
del mencionado sitio.
Entre los caminos descritos por el eminente geógrafo Don Francisco
COELLO, en esta época podemos citar el de Santa Cruz de Mudela
a Torrenueva, Torre de Juan Abad y la Puebla del Príncipe. Por
su parte, CORCHADO SORIANO refiere cómo el Mapa Topográfico
Nacional señala un ramal secundario comunicando con las Virtudes.
Así mismo, lindando con el término por su parte Este,
pasaba otra vía romana por la actual cañada de Serrano,
que posiblemente sea el Camino de los Berones citado por Tito Livio.
Por su parte, Eusebio VASCO y GALLEGO, en su obra Edeba, ciudad oretana,
aduce que “basta señalar este ameno lugar para reconocer
que en él hubo una antigua población, mejor situada que
la moderna Torrenueva”.
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Inicio |
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El pondus de Edeba |
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A todo ello, podemos añadir el descubrimiento efectuado en el
año 1.903 en el que se encontraron restos romanos en las inmediaciones
de la actual Ermita de la Virgen de la Cabeza en Torrenueva, a la altura
del núcleo poblacional, sobre la margen derecha del río
Jabalón, con grafía en la que figura el topónimo
Edeba, el cual ha obligado a situar una ciudad de este nombre en dicho
punto.
Aunque son pocas y no siempre precisas las informaciones acerca de
esta ciudad oretana como es Edeba, sí podemos contar con las
aportaciones del anteriormente mencionado VASCO y GALLEGO, a través
de un artículo fechado el 28 de abril de 1.909. Dicho autor comienza
diciendo que este descubrimiento es de gran interés para la geografía
antigua de España. Como ya hemos señalado, se descubrió
en 1.903 con motivo de la construcción de la carretera de Daimiel
a Villacarrillo. El hallazgo en cuestión trata de un “pondus”
de bronce, cuya función está relacionada con medidas de
peso. Por el citado artículo sabemos que el bronce fue encontrado
por un vecino de Daimiel que se encontraba trabajando en dichas obras,
comprándoselo a este trabajador un vecino de Villanueva de los
Infantes, Don Calixto Pérez, según cuenta éste
en carta fechada el 11 de noviembre de 1.908 y dirigida a Don Eusebio
Vasco.
El punto exacto en el que se descubrió el pondus se situaba
en un desmonte de unos dos metros de altura y de poca extensión,
ubicado en un altozano separado del núcleo poblacional de Torrenueva
por la denominada Rambla o Vega del río Jabalón, justamente
a un kilómetro de la villa y a unos 11 km. de Valdepeñas.
Precisamente en el lugar indicado, hacia 1.909 estaba enclavado el hito
correspondiente al kilómetro 40 de la citada carretera.
Continuando con las aportaciones de VASCO y GALLEGO, éste dice
que en los Villares (una de las cortijadas en que estuvo dividida Torrenueva
en su primera fundación) que rodean el señalado desmonte,
fueron descubiertas en distintas ocasiones monedas romanas, vasijas
de barro y sepulcros de piedra que fueron destruidos, conservándose
tan sólo uno de ellos hallado al plantar una viña en el
año 1.896. La lápida que lo cerraba parece que fue trasladada
a Santa Cruz de Mudela, sin ser descifrada.
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Añade este autor que por entonces, en 1.909, en el corte
formado por la carretera, se veían trozos gruesos de ladrillo,
cascos de vasijas de varias clases, huesos, cenizas, hoyos de
unos dos metros de altura en forma de tinaja y pizarras impropias
del terreno.
Volviendo al hallazgo del pondus de bronce antes mencionado,
se puede apreciar que la funcionalidad de este objeto está
relacionada con medidas de peso. El peso del pondus es de 3.060
gramos. Este importante y curioso bronce contiene la siguiente
inscripción:
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Imp
(eratoris) Caes (aris) Traian
Hadriam Aug (usti)
R(es) p(ublica) Edebensium
P (ondo) X. |
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VASCO Y GALLEGO advierte que no debemos confundir Edeba con la ciudad
de Adeba que cita Ptolomeo, colocándola poco distante y al oriente
de Sagunto. La leyenda del referido pondus es tan clara que no admite
duda. Además, el paraje en el que se halló este decempondio
de Adriano dista mucho de Adeba, situada en el país de los Ilercaones,
que ocupaban el espacio comprendido entre el río Udiba que cita
Plinio (III, 20) y que se reduce al Mijares, la costa del Mediterráneo
y la orilla del Ebro hasta Mora, que era término de la Ilergavonía
y principio del campo Edetano.
Sobre este tema, debemos tener muy en cuenta lo expresado por Don
Antonio GONZÁLEZ PALOMEQUE, a la sazón maestro de escuela
que durante muchos años impartió docencia en Torrenueva,
dedicando bastante tiempo a investigar aspectos históricos de
la misma. En uno de sus trabajos, a pesar de la carencia absoluta de
restos epigráficos, opina sobre lo que pudo ser la posible clase
de colonización de Edeba. Lo hace en función de los restos
de columnas, plintos, basas y molinos hechos con piedra berroqueña,
que se emplean para moler trigo encontradas en los “Villares de
Don Cirilo”, propiedad de la familia MORENO, y que nosotros entendemos
que son los mismos Villares de los que ya hemos hablado, y que junto
a las cortijadas de Valdemiros y el Torrejón dieron lugar al
juntarse al origen de la actual Torrenueva.
El señor PALOMEQUE alude a que los tres montecillos que se
aprecian en los Villares, probablemente sean ruinas de una villa romana
del Bajo Imperio. Sitúa este lugar a unos cuatro kilómetros
de la antigua ciudad de Edeba, y le hace suponer que fue edificado por
algún notable hispano-romano de la época. Entre la leyenda
y la historia, el ínclito maestro reseñó que en
una vieja historia sobre la Virgen de la Cabeza que cayó en sus
manos, se decía que en el año 1.225 existía en
el lugar donde se sitúa la ermita de la Virgen, un castillo romano
que los mismos habían edificado con el fin de vigilar esta región
y garantizarse el paso hacia Andalucía. Igualmente supone que
las piedras colocadas en la pared norte de la iglesia (siete trozos
de basas unidas al plinto y al nacimiento de las columnas), que se hallan
empotradas en la pared, entre la segunda y tercera línea de ladrillos,
a unos siete metros de altitud, tengan su procedencia en el castillo
romano que se ha mencionado. De lo últimamente expresado, algún
que otro aspecto nos parece más próximo a la leyenda que
a la verdad histórica; pero también hay partes llenas
de lógica. En cualquier caso, muestra una importancia e interés
que merece reseñarse.
Por todo lo dicho, coincidimos con CARRASCO SERRANO en que el pondus
de Torrenueva constituye la única mención que sobre Edeba
se posee hasta ahora. Ni las antiguas fuentes literarias ni en los itinerarios
clásicos se cita, lo cual constituye un hecho bastante extraño
si se tiene en cuenta el carácter de privilegio que como se constata
tendría esta comunidad sobre la que quizás podrían
obtenerse más datos tras la realización de excavaciones.
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