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Ayuntamiento
de Torrenueva |
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El
espacio geográfico |
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Ubicación
geográfica |
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Situada en la submeseta inferior, Torrenueva se enmarca dentro de los
límites de la antigua provincia de La Mancha, y desde 1.833 provincia
de Ciudad Real, aunque con algunos cambios de jurisdicción. Más
exactamente está situada en el espacio que corresponde al histórico
Campo de Montiel. Torrenueva perteneció durante siglos al partido
judicial de Villanueva de los Infantes, y en la actualidad depende del
partido de Valdepeñas. Cabe resaltar la influencia andaluza que
de alguna manera marca el carácter de Torrenueva, fácilmente
explicable si atendemos a la proximidad a la que se encuentran.
El relieve está determinado por varios factores fundamentales:
su constitución geológica, la incidencia del clima y la
acción de las fuerzas erosivas. Situada sobre una ligera llanura
con horizonte despejado, Torrenueva alcanza en su núcleo poblacional
una altitud de 731 metros sobre el nivel del mar. Entre sus cotas más
elevadas se encuentran los Cerros del Garbanzal, con 838 m. al Norte;
la Sierra del Acebuche, los Cerros de los Camarones y de la Fontanica
al Sur; el Corredor de las Zorras, los Cerros de Matamulas, el Cerro
de la Cruz, la cerca de Pedro Soria y el Cerro del Chiriví, a
963 m. al Este, y en la misma dirección, y aún más
distante-unos doce kilómetros- se encuentra la Cabeza del Buey,
a 1155 metros, la segunda montaña más alta de la provincia
de Ciudad Real.
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En conjunto, su llana superficie reúne condiciones muy adecuadas
para la agricultura, destacando la trilogía característica
de esta zona: cereales, viñedo y olivar. Últimamente el
olivar ha aumentado bastante, lo que hace pensar en la proximidad de
la olivarera provincia de Jaén.
Su término municipal, que alcanza la superficie de 142,6 km2,
limita al Norte con Valdepeñas; al Sur con Castellar de Santiago
y Almuradiel; al Este con Torre de Juan Abad y Cózar, y al Oeste
con Santa Cruz de Mudela, a tan sólo 8 kilómetros.
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Climatología |
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La situación de nuestra provincia en el interior de la península
favorece los mecanismos de radiación, extremando los contrastes
térmicos estacionales, al mismo tiempo que es la causa fundamental
de su escasez de lluvias al llegar las borrascas provenientes del Atlántico
perturbadas y debilitadas por su recorrido continental antes de alcanzar
nuestra zona.
El clima de Torrenueva está caracterizado por su gran oscilación
térmica. El alejamiento del mar y las cadenas montañosas
periféricas actúan de muralla natural frente al influjo
marino amortiguador. Como caracterización genérica se
puede catalogar de continental extremado.
Por lo dicho, podemos expresar que el clima de Torrenueva, como corresponde
a su situación geográfica, es seco y de temperaturas algo
extremadas. El frío del invierno es notorio, siendo frecuentes
las nieblas y heladas. El verano es muy caluroso. En primavera y otoño
se dan temperaturas muy agradables.
La distribución anual y el volumen de las precipitaciones, además
de permitirnos ver el ritmo pluviométrico, tiene gran interés
para la agricultura y para toda la vida vegetal de la zona. El ritmo
de la agricultura está claramente condicionado por las lluvias
o por la ausencia de las mismas.
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Hidrografía |
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El río Jabalón, perteneciente a la cuenca del Guadiana,
del que es afluente, penetra en el término por el N.E. y describe
una curva hacia el Sur para salir de nuevo por el N.O., no sin antes
unírsele a la altura del pueblo el arroyo llamado por los vecinos
“La Rambla”.
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Vegetación |
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El espacio natural de este entorno se caracteriza tanto por la variedad
de sus paisajes como por la intensa modificación que sobre ellos
ha efectuado la intervención del hombre. En correspondencia a
su clima y suelo, Torrenueva ofrece un paisaje característico
de la submeseta sur, en el que casi todo el término está
cultivado empleándose como pastizal las rastrojeras.
No debemos olvidar en este apartado lo que refiriéndose al Cerro
de La Cabeza del Buey, tan próximo a Torrenueva, decía
el célebre y famoso alemán experto en medicina, cirugía
y botánica, don Pablo DIPART, que durante un tiempo vivió
en esta villa y pasaba las primaveras y otoños cogiendo hierbas
en dicho cerro, con las que hizo asombrosas curas:
“...no hay árboles ni hierbas extraordinarias
conocidas; pero en la Cabeza del Buey dicen los herbolarios e inteligentes
que son tantas y tan singulares las hierbas de que abundan, que acaso
en toda la península no hay otro sitio igual y más precioso
por esta razón”.
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